A favor o en contra de… LA SINCERIDAD

Por Jess Waldorf

“No mientas, hay que decir siempre la verdad”, nos decían cuando éramos niños nuestros padres. Se nos inculca desde pequeños que la sinceridad es algo bueno, algo necesario incluso, para ser “una buena persona”. Todos recordamos el cuento de Pinocho, el niño de madera al que le crecía la nariz si mentía. Su aspecto físico se deformaba para mostrar a todos que había hecho algo malo, algo terrible. Y yo, como me pregunto muchas cosas, pienso… ¿mentir es lo contrario de ser sincero? ¿la sinceridad tiene o debe tener límites? ¿quién los marca?

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¿QUÉ ES LA SINCERIDAD?

Del latín sinceritas, se define como el modo de expresarse sin mentiras ni fingimientos. Se trata de hablar con la verdad por delante.

Visto así, parece fácil, ¿no? Lo malo es que la realidad es otra. Hemos mencionado que ser sincero conlleva ser respetuoso con la VERDAD. Y para empezar aquí se plantea un dilema. ¿Qué es la verdad? En el momento en el que comprendemos que en numerosas ocasiones, “la verdad” es en realidad “nuestra verdad”, maduramos. Hay verdades universales; cómo a qué temperatura hierve el agua, y hay infinidad de verdades subjetivas. Lo que tú consideras la verdad o lo correcto puede no coincidir con lo que considera el vecino.

Y después vamos al tema de expresarse sin mentiras. Parece obvio que no está bien mentir. No sería adecuado decirle a alguien que le quieres cuando no es cierto, ¿no?, y qué pasa por ejemplo, cuando un niño tiene dificultades para aprender… tú eres consciente de que le costará mucho aprobar, y aún así le dices; ¡tú puedes!. ¿Terrible también?

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MENTIR VERSUS OCULTAR

Mucha gente que no es sincera DEL TODO, se justifica diciendo que ellos no mienten, que sólo “ocultan” la verdad. Esto suena a excusa endeble, pero realmente no es lo mismo decir ¡Qué guapo estás! a un amigo cuando consideras que va horriblemente hortera, que simplemente no hacer ningún comentario al respecto. Y esto nos lleva a plantearnos algo más. ¿Hace falta ser SINCEROS DEL TODO? Pues contra lo que algunos puedan pensar… mi respuesta es un rotundo NO. No es que no haga falta, es que ni siquiera es saludable. Para eso se nos facilitaron los filtros mentales al crecer. Los niños son tan inocentes que en sus primeros años de vida dicen casi todo lo que se les pasa por la cabeza, y son los padres los que les dicen “está mal que digas eso”, por eso estás en el metro y se te quedan mirando fijamente sin vergüenza, por que tienen curiosidad, y por eso también un día pueden mirarte admirados y decirte lo guapa/o que eres y otro día, que vaya pelo te sale de ese lunar. ¿Qué pasa si un adulto te dice algo así? Algo cómo… ¡Vaya herpes labial tienes! ¿No es hora de teñirse? O mil cosas que a cada sujeto se le pasan por la cabeza cuando mira a otro ser humano; pues sucede que sería terriblemente cruel e innecesario hacer esos comentarios. ¡USAD LOS FILTROS, POR FAVOR!

MENTIRAS PIADOSAS

Otro asunto que da para mucho. Si ya hemos convenido que para empezar existen verdades diferentes, y que hay que filtrar nuestros pensamientos para no decir cualquier cosa que se nos pase por la cabeza, ¿qué pasa entonces con las mentiras piadosas? ¿está mal usarlas? No tengo una respuesta contundente, pero en mi humilde opinión, una mentira piadosa puede ayudar soberanamente a que tu vida sea un poco más llevadera. Hay ocasiones en las que no visitamos a familiares o amigos simplemente por desgana o pereza, si cuando te recriminan que no has ido a verles tú eres sincero, deberías decirles algo así como; ¡no he ido por que no soporto tus historias sobre Fulanito!¡Vaya coñazo!. Situación semejante se te puede presentar cuando un amigo/a empieza a salir con alguien y te pide tu opinión. Si es claramente un idiota… ¿se lo dices? Las mentiras piadosas ayudan a ambas partes, sin embargo hay que entender qué se puede considerar una “mentirijilla” y qué es mentir en toda regla, y sobre todo, no abusar de ellas.

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SER SINCERO/A SIEMPRE

Y después está plantearse cuándo debes dar tu opinión. Está claro que cuando quieres a alguien y ves que te cuenta cómo dejó un trabajo por un motivo poco importante, o tu primo tiene una novia que le mangonea, tu instinto te dice… ¡di algo! Y bueno, esto ya es elección de cada uno. Solo hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones NADIE TE PIDE TU OPINIÓN, y de hecho, va a dar igual que la sepan, porque la gente necesita darse cuenta por sí misma de lo que sucede en su vida. Por eso creo que hay que hacer una pequeña reflexión aquí;

1) Identifica qué personas realmente cercanas apreciarían tu sinceridad hasta cuando no vas a tener nada positivo que decir.

2) Entiende que no SIEMPRE se requiere tu opinión.

3) Las opiniones NO son VERDADES UNIVERSALES.

HONESTAMENTE…

No hace falta decir todo lo que se nos pasa por la cabeza, no creo que sea ni sano tan siquiera. Conoce a las personas y decide con quiénes quieres poder tener esa relación tan sincera y cercana. Intenta ser en general, en tu vida, lo más sincero que puedas, pero respeta los límites. Existen. Una cosa es no mentir en asuntos trascendentales y otra que no sepas guardarte nada para ti. Como en todo, en encontrar el equilibrio está la clave.

Jess WaldorfAutor: Jessica Waldorf
Profesora que no para de aprender. Viajando por este mundo con un solo objetivo; ¡ser lo más feliz posible!

 

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