Consejos a mi yo de 20 años

people.gifQuerida yo del pasado:

Los 20 te van a enseñar muchas, muchas cosas. No tengas prisas. Serán diez años de aventuras, de dudas, de ir, de volver, de preguntarte una y mil veces “¿qué quiero hacer con mi vida?“. Déjalo, ¿sabes por qué? Porque estos 10 años te enseñarán muchas cosas, sí, pero entraras a tu vida 3.0 y seguirás sin saber dónde está tu camino, porque eres curiosa, porque hay muchos caminos y, la verdad, es que no hay uno solo correcto. Eso te ha enseñado tu veintena, que puedes jugártela a cara o cruz, equivocarte, volver a empezar y cambiar de camino. Porque, pase lo que pase, tú eres así, “de tirar palante como los de Alicante“.

La veintena está para jugar a perderse y a encontrarse, para sentir, para salir, beber, el rollo de siempre, para ser impulsivo, rebelde y reírse hasta no poder más. Porque en la veintena todavía nadie te pide ser ‘responsable‘. Arriésgate, baila sobre la barra del bar, viaja, conoce gente, vive experiencias y no te pares demasiado a pensar. Cometerás errores, sí, pero sobre todo, aciertos, así que ponte el mundo por mantera y ¡a por ello!

Ya sabes que me gusta escribir, que este mensaje podría ser eterno, pero, por ti, voy a intentar resumir. Por ti, voy a hacer una lista. Por ti, voy a ordenar todas las cosas que le diría a mi yo de los 20 años.

Tu madre siempre tiene razón.

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Asúmelo, cuanto antes, mejor. Ella sabe siempre lo que te pasa. Terminarás por aceptar que tiene poderes adivinatorios o que el don de la brujería existe en la familia. No te preocupes, le contarás tus problemas y aceptará tus decisiones, aunque no siempre elijas lo que a ella le hubiera gustado, pero ya sabes, #amordemadre.

Deja de preocuparte por lo que piensen los demás. Invierte en ti.

Preocúpate de lo más importante: tú, y los tuyos. Repítete el “a mi plin, yo duermo en Pikolin“, porque sólo un 3% de las personas que tienes ahora a tu lado, estarán también en tu futuro, y, la mayoría de ese 3% nunca te juzgaron. No puedes ser la mejor amiga de todo el mundo, así que deja de intentar agradar a todo el mundo.

Tú eres tu prioridad. Preocúpate primero de ti. Eso no es ser egoísta, es ser sensato. No te tortures por no ser como “deberías ser”. Deja de compararte. No necesitas ser la mejor en nada sino ser feliz. Y lo serás. Con los años te darás cuenta de todas esas personitas que te quieren y que quieres que tienes a tu alrededor y eso te bastará para ser feliz. Hay cosas que no se pueden comprar.

Deja de planear.

No seas tan responsable. Desmelénate, piensa menos. La vida no se puede planear, siempre te sorprende y sobre todo, no, no siempre tienes que hacer “lo correcto“.

Sal, pásalo bien y desmelénate.

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Esas ganas no te van a durar toda la vida. Dentro de dos telediarios, tomarte un par de copas significará una resaca de tres días. Sí, resaca, esa que tu pensabas que nunca ibas a tener, ¡já! No eres invencible, siento comunicártelo. Tu hígado tampoco.

Desinhíbete, ríe, llora, grita y siente al máximo. Descubrirás que eres fuerte, pero también sensible y que mostrarlo tampoco tiene nada de malo. Llorarás una y mil veces, cada vez que cierres una etapa, que digas adiós a buenos amigos. Llorarás por cosas buenas y malas, pero cada una de esas lágrimas verás que habrá merecido la pena.

Aprovéchalo porque esa fase es única, pero pasarás a otra en la que disfrutarás madrugando un día libre para irte a hacer senderismo, para hacer TRX en un parque, para ir a un brunch o para cualquier otra cosa, porque casi cualquier plan de día te apetecerá más que los planes de noche.

Céntrate en el presente. No tengas miedo al futuro, ni a probar cosas nuevas.

Tu veintena va a ser un torbellino, te moverás de un país a otro como las fichas de parchís por el tablero, harás nuevos amigos de distintos países, colores, edades y religiones, dejarás a otros atrás y superarás todos los cambios. No tienes nada que perder, ni facturas que pagar. Tienes todo el tiempo del mundo y eres libre. TIC, TAC, TIC, TAC.

Deja de preocuparte por los pequeños errores del pasado y por el qué vendrá, eso nadie lo sabe. Lo importante es hacer lo que quieres y disfrutarlo en cada momento.

Nunca dejes de escuchar a tu instinto.

Él te ha llevado por el camino correcto. Tú no sabes lo que quieres, pero parece que él sí. No hagas lo que los demás esperan de ti, haz lo que TÚ esperas de ti y recuerda siempre: más vale pedir perdón que permiso.

No te rayes por la carrera.

Da igual, viene una crisis larga y dura. Estudies lo que estudies, es difícil que llegues a mileurista…o estudia ingeniería…pero ¿qué más da? Vas a emigrar de todas maneras. Haz lo que te guste y disfruta lo que hagas. Siempre podrás cambiar. No te creas eso de “vas a trabajar toda tu vida de lo que estudies”. Tú eres capaz de reinventarte.

Lo más valioso que te dará la universidad serán buenos amigos.

Da igual las notas, da igual el estrés de los exámenes o los profes malos. Al final de la historia, te quedará un grupo de amigas, cada una de su padre y de su madre, que se querrán siempre sin juzgarse. Tomaréis caminos y estilos de vidas distintos, pero seguiréis juntas…aunque, a veces, será en la distancia y os seguiréis riendo de lo “pavas” que eráis y de las historietas épicas…una y otra vez.

Valora a los amigos de verdad y deja ir a los que no te quieren bien.

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Por tus veinte pasarán muchas personas. Amigos que pensabas que serían para siempre y que durarán hasta que la fiesta acabe. Compañeras de clase de italiano que se convertirán en un irreemplazable en tu vida. Amigos de siempre que desaparecerán y amigos de unos meses que harán el esfuerzo en mantener el contacto. Aprende a diferenciarlos. Todos son esenciales y todos te enseñarán algo, pero los de verdad son esos a los que el plan les da igual, lo importante son las horas de cháchara juntos, cara a cara, por whatsapp, mail o Skype. Eso da igual.

Vete de ERASMUS.

Será la mejor decisión de tu vida. Conocerás a muchas personas, abrirás tu mente, descubrirás otras maneras de ver el mundo y te aliarás a esa amiga que siempre estará dispuesta a sentarse en la carretera a llorar de la risa contigo. Será un punto de inflexión en tu vida, pasarás por una depresión post-ERASMUS horrible, pero te levantarás y seguirás viviendo aventuras. Sé lista, pide una Séneca en 3º y vete a Barcelona y en 4º un paso más allá y vete de ERASMUS.

Tómate un año sabático y viaja.

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Viaja lejos, sí, lo más lejos posible. Con los años será más difícil, serás más quisquillosa, te dará más pereza y hasta más miedo ese rollo de “volver a empezar“. Busca caminos, porque la idea de compartir baño con 10 personas no te apasionará siempre. Trabaja de camarera, limpiando hoteles, haz couchsurfing, da igual. Cada viaje que hagas merecerá la pena.

Busca tu vocación.

Busca y busca. Estudia cosas nuevas, trabaja en cosas nuevas. Poco a poco tendrás cada vez más claro qué es lo que NO te gusta y qué es lo que representa tu forma de ser y tus pasiones. No, no es el dinero. Hay algo más.

Cuídate “un poco” y haz deporte, vaga.

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O ya verás cómo te duelen las cervicales a los veintimuchos… Además, descubrirás que hay pocas cosas que te ayudarán a ser feliz en tu incertidumbre y a lidiar con el exceso de energía: el deporte y las limpiezas masivas, porque ordenar tu casa, a veces, puede ser terapeútico, algo así como un símil de ordenar tu vida.

No dejes de disfrutar de las pequeñas cosas.

Los grandes planes están bien, pero con el tiempo te darás cuenta de que esa charla de horas con una amiga solucionando los problemas del mundo no tiene precio. Valóralo. Haz los planes grandes y los pequeños, dentro de unos años eso de dormir “menos de 6 horas” no entrará dentro de tus planes.

No te pongas límites; your limit is the sky.

Piensas que no puedes conseguir mucho, pero con el tiempo te darás cuenta de que, en realidad, puedes conseguir lo que te propongas. Porque tienes constancia, no te dices “no” a ti misma y buscas siempre caminos, en lugar de entretenerte poniendo excusas, así que deja de perder el tiempo y busca objetivos. Confía en ti misma y arriésgate.

Nunca pierdas tu vena guionista.

O dejes de soñar, soñar despierta. Montarte tu película mental. Inventarte diálogos graciosos con tus amigas o imaginarte que vives las más alocadas aventuras. Todo puede pasar en esta vida…y si no…en la siguiente.


De momento, eso esto es todo, yo de los 20. Espero que estos consejos te hayan servido, si no, espero que cometas todos y cada uno de los errores y de las locuras que yo he cometido. Que viajes, que rías, que todo te de miedo, pero lo hagas igualmente, que pienses mucho a veces y otras veces, no pienses. Porque, al final de la película, todo eso es vivir, así que…simplemente ¡vive!

Con cariño,

Tu yo 3.0.

Y tú, ¿qué consejos le darías a tu yo de hace diez años?

 

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5 comentarios en “Consejos a mi yo de 20 años

  1. Kartoffel Viajera dijo:

    ¡Qué bonito! :’)) me encanta. También me identifico, eso que sigo en los 20’s haha con 23 apenas, pero me ha gustado un montón esas reflexiones. La década de experimentar y cometer errores 😀 Muchos saludos y sigue disfrutando y viajando!

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