La incertidumbre

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‘I don’t know’ = No sé

La incertidumbre, ese mar en el que todos los jóvenes de hoy en día se supone que deberíamos ser capaces de nadar sin manguitos y casi sin movernos, como si flotáramos por inercia. Claro, ¡cómo si nos quedara otra! El ‘para siempre‘ es una expresión en desuso; ya no existe un trabajo ‘para siempre’ como el de nuestros padres, una casa ‘para siempre’ o una pareja ‘para siempre’. Todo se rompe más fácilmente y tenemos que seguir la corriente, pero ¿cómo y por qué?

Luchar, ¿para qué?

Cuando era pequeña, mi tío me mandó una postal en la que escribió sólo la siguiente frase:

La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes. (John Lennon)

Tardé años en entender qué me quería decir mi tío con ese breve pensamiento. Luego, la vida te enseña lo que significa, sobre todo, a una ‘control freak‘ como yo. Planeas, planeas, planeas. ¿Qué vas a hacer cuando acabes ésto? ¿Qué pasará después? ¿A dónde irás? Pero la vida no es programable. La vida pasa; la vida es un conjunto de coincidencias, de sucesos, de imprevistos a los que te tienes que enfrentar y que te llevarán por un camino o por otro. A veces por caminos que ni siquiera te habías imaginado. Eso sí, hay que ser valiente, atreverse a tomar decisiones arriesgadas. Puede que por eso esté tan de moda esa frase de: ‘abraza la incertidumbre‘ (¡y un huevo!- he contestado yo más de una vez).

Puedes, podemos, seguir planeando. A mi me encanta planear, pero a estas alturas de la película ya sé que la trama se irá desvelando progresivamente por mucho que yo me empeñe en escribir hasta las comas del guión. Planear es divertido, nos entretiene, nos hace soñar y nos puede ayudar a ir dirigiendo nuestra vida hacia el camino por el que queremos ir. Vaya, que no digo que ‘no somos dueños de nuestro destino’ y esas cosas; al contrario. Nuestros actos determinarán nuestro destino, pero por mucho que planeemos dónde queremos estar dentro de 5 años; en realidad, casi no podemos saber con seguridad ni dónde estaremos dentro de seis meses.

Con lo cual, está bien hacer planes, pero que sean rompibles, modificables y mejorables. Si no, viviremos llenos de frustraciones y, la verdad, a veces lo que sucede puede ser mejor que lo que esperamos. ¿Por qué cerrarnos puertas?

El que teme sufrir ya sufre el temor

Muchos dicen que cuando abrazas la incertidumbre, el miedo desaparece. Tenemos miedo a lo desconocido, es normal. Desde pequeños nos enseñan a tener planes y a seguirlos al pie de la letra, si no, estás haciendo algo mal. Primero, al colegio; después, al instituto; después, a la uni o a trabajar… Si te sales del guión, serás la oveja negra. Así, ¿cómo vas a ser capaz de gestionar el ‘no saber‘?

La incertidumbre te mantiene tenso, rígido, asustado; si no la aceptas, no puedes descubrir cosas nuevas, otras alternativas y te aferras a las respuestas de siempre que te condicionan. Sin embargo, la flexibilidad nos hace más felices, vagar segun las circunstancias, sin obsesionarse con que las cosas tengan que ser de una determinada manera.

Tú vs la incertidumbre

  • Observar. Si detectas que los cambios se acercan, te irás preparando para ellos y no te pillará de imprevisto.
  • Ser flexible. Si sólo aceptas una solución a un problema, estarás descartando cientos de soluciones que pueden ser válidas e incluso mejores a la que tienes en mente.
  • Tener objetivos. Pequeños, objetivos pequeños.Así, puedes ir cumpliéndolos poco a poco y ésto aumentará tu autoestima y tu confianza. Vaya, que verás las cosas más de color de rosa.
  • Curiosear y aprender. La incertidumbre te obliga a aprender y cuanto más curioso seas y más interés por aprender y progresar tengas, mejor te encontrarás en la incertidumbre, porque será como un juego que te permitirá descubrir y saborear cada paso lentamente.
  • ¿Adaptabilidad? No sé muy bien cuál sería la palabra en castellano, en inglés es ‘resilience‘, la habilidad de recuperarte y crecer ante cualquier adversidad o inconveniente. Es decir, puede pasar algo malo o no esperado, pero serás capaz de reponerte, ‘aprender la lección‘ y seguir.

CONCLUSIÓN: La vida es un constante peregrinaje sin principio ni fin. Siempre en movimiento y sin llegar a ningún final. Eso es la incertidumbre, así que ¿por qué no aprender a ser felices en medio de toda la confusión que la incertidumbre puede crear?

Tú, ¿eres de esas personas que crecen ante la incertidumbre o más bien un obseso por tenerlo todo bajo control como yo?

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