El arte de levantarse de la cama

cama

Henri de Toulouse-Lautrec, “En la cama”

Por Lu Duchamp

Te lo propones una y otra vez, pero siempre acabas negociando con el despertador una inocente prórroga de cinco minutos. Y luego otros cinco. Para cuando te quieres dar cuenta tienes que salir corriendo porque ¡llegarás tarde al trabajo! ¿A ti también te pasa?Yo, la verdad es que he probado muchas cosas: poner el despertador lejos para tener que levantarme a apagarlo (pero caigo en la tentación de volver a la cama); visualizar la noche anterior cómo seré capaz de pegar un salto en cuento suene mi alarma (pero la noche anterior siempre es todo más fácil ¿no os parece? ); elegir una canción súper motivadora que me haga levantarme hecha una Rock Star y; la más sacrificada, cenar ligero para que por la mañana el rugir de mi estómago vacío me ayude a saltar de la cama cual tigresa en busca de su desayuno (pero el sueño suele ganar la batalla al hambre). Nada funciona.

El otro día leí que esto de pasarse media hora más en la cama tiene un nombre y todo: dysania. Y, al parecer, es un trastorno muy frecuente. Así las cosas, últimamente me ha dado por investigar cómo se las apaña la gente que padece dysania para levantarse cada mañana.

Mi amigo Jaime afirma que en su pasado fue un remolón de tomo y lomo, que casi siempre llegaba tarde a sus citas matutinas por ser incapaz de levantarse de la cama. Cuesta creerlo porque no se me ocurre persona más disciplinada que él. Cuando le pregunto cómo lo consiguió, su respuesta me parece una perogrullada: “Simplemente me lo propuse, como cuando decidí dejar de fumar“. Me explica que somos animales de costumbres, la clave es desarrollar hábitos. Y para ello se suele decir que el cuerpo necesita 21 días para convertir un comportamiento en hábito.

Mi amiga Rosa supera la batalla contra el despertador cada mañana porque, como comparte baño con su compañera de piso, sabe que sino hace uso de la ducha en el horario le corresponde, se queda sin ella.

Y mis amigos opositores Ramón y Jose, cuando ven que no consiguen pegar ese salto de la cama, se pican mutuamente: el que llegue más tarde a la biblioteca ¡paga café y pintxo en el descanso!

En Inglaterra, en la época de la industrialización, los obreros de las fábricas tenían que levantarse a horas intempestivas. Y no tenían ni gallo que les cantara, ni alarma en el móvil para poder despertarse a tiempo. Es por eso que se crearon los “despertadores humanos”, knockers up en inglés. Eran personas que recorrían las calles con la misión de despertar a los trabajadores, para que estos pudieran llegar puntuales a sus puestos de trabajo. Solían llevar una caña de bambú con la que golpeaban la ventana o la puerta de la persona a la que debían despertar. Importante: hasta que ésta no se asomaba, y comprobaban que se había levantado, no se marchaban.

En la era digital, no faltan dispositivos y sofisticadas formas de despertarse. Hoy podemos encontrarnos con despertadores que desprenden olores, o dispositivos que nos prometen un despertar orgásmico . En fin, está claro que cada quien debe encontrar su manera de levantarse de la cama. Eso sí, si sabéis de un buen knocker up, ¡pasadme su número!

Lu Duchamp¡Hola! Soy Lu Duchamp y escribo la sección de El arte de sobre los pequeños placeres de la vida cotidiana. ¿Me acompañas?

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11 comentarios en “El arte de levantarse de la cama

  1. Ici Mouse dijo:

    jajajaja. Muy buena la entrada. Yo debo de ser una de esas excepciones persona-resorte que nada más sonar el despertador, ya tengo un pie fuera de la cama. Y es que para mí, quedarme en la cama sabiendo que me tengo que levantar roza la tortura psicológica, es alargar el sufrimiento, no me genera ningún placer. Es curioso cómo cada uno vamos desarrollando nuestros hábitos y neuras particulares. Un abrazo Duchamp!

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  2. elaguijonescarlata dijo:

    Yo tengo la teoría de que cuando te levantas normalmente a la misma hora, llega un momento en el que te despiertas a esa hora por inercia. Al menos, es lo que a mí me sucede. Aún así, me pongo el despertador (por si acaso) 15 minutos antes de la hora, para tener tiempo de abrir un ojo, luego el otro, y hacer un poco el gusanito en la cama 😛
    También te digo que si no estás acostumbrado a levantarte a una hora concreta, es cuestión de encontrar una motivación. En mi caso, sólo madrugo para ir a entrenar, y antes para ir al trabajo/facultad. Para lo segundo, la motivación era no llevarme una bronca. Y para lo primero, porque durante esa franja horaria el gimnasio está menos masificado. En resumidas cuentas, encontrar algo real que te obligue a levantarte. Porque eso de “venga. mañana me levanto pronto”, es como los propósitos de año nuevo.
    Un abrazo.

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    • Lu Duchamp dijo:

      Hola Aguijón Escarlata!
      ¡Muchas gracias por tu comentario! Pues sí, la verdad es que cuando aconstumbramos al cuerpo a despertarse a una hora, todo es más fácil. Y la motivación es clave también. 🙂
      Un abrazo.

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