Viena, primavera y prácticas Leonardo DaVinci

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¿Qué puede haber más excitante y a la vez más aterrador que irse al extranjero sin saber nada más que el destino? Sí, nada. Te presentas a una beca con ilusión, pasas todo el proceso y un día te dicen que eres el elegido, que te vas, pero poco más. Después de mi Erasmus y de mi post-Erasmus tenía claro que necesitaba una nueva aventura, que la ‘rutina’ de siempre ya no era para mí y que quería (y necesitaba) descubrir sitios nuevos. Por eso, cuando me dijeron ‘Gute Reise nach Wien’ pensé: Viena, ¿por qué no?

Principio de incertidumbre

Han pasado ya 5 años, pero recuerdo perfectamente el momento en el que les dije a mis padres que me volvía a ir como si fuera ayer. A Viena, les dije. Era toda la información que tenía. Un destino y una fecha de salida. C’est tout! En realidad, no necesitaba más. La simple aventura era suficiente para mí.

Los organizadores del programa ‘Epez’ (el Leonardo DaVinci de la UPV) se encargaban de todo lo demás. ¿Por qué preocuparme? ¿Para qué? ¡No me iban a mandar al extranjero a dormir debajo de un puente! Eso estaba claro, así que ¡algún as tenían que tener escondido debajo de la manga! Y así fue.

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Un grupo de vascos perdidos y un destino

Llegó el día, fuimos al aeropuerto. Por el camino aprendí mi primera frase en alemán: ‘das Gras ist grün’ (la hierba es verde). Como no es de sorprender, no me llevó muy lejos, pero algo era ALGO. El viaje fue largo, con una escala en Stuttgart, pero aún así ni siquiera llegamos cansados. Las ganas de descubrir qué nos esperaba en destino nos mantenían llenos de energía.

¿Dónde íbamos a vivir? ¿Con quién? ¿Dónde íbamos a trabajar? ¿Haciendo qué? La beca Leonardo DaVinci facilitaba prácticas en el extranjero, así que no teníamos ninguna duda de que prácticas habría, pero no sabíamos siquiera si tendríamos que hacer entrevistas para conseguirlas. Todo se desvelaría durante el curso intensivo de alemán de tres semanas. Por suerte, puede aprender cosas más útiles que ‘la hierba es verde’ y, durante mi estancia, fui capaz de mantener conversaciones MUY-MUY básicas con algunos austriacos.

El alojamiento

Según llegamos al aeropuerto nos indicaron dónde y con quién íbamos a vivir. Yo tuve suerte: un piso para las tres ricitos de oro, ¡un buen equipo! Cuando por fin estuvimos solas en el apartamento ya era de noche, pero el sueño brillaba por su ausencia, así que no se me ocurrió nada mejor que ir con mis compañeras a reconocer el barrio. Todo estaba cerrado. Hasta parecía un poco tétrico, lo único que estaba abierto era una pizzería de imagen dudosa.

El portal olía a curry. Siempre olía a curry. Nuestros vecinos eran bastante educados, pero prohibidísimo hacer ‘cenas’ más tarde de las 10.30 o enseguida se quejaban y más nos valía ser formales o la vecina del tercero nos pondría tres velas negras en el altar diabólico que tenía en la puerta de casa. Sí, sí, fuera, en la escalera. Nunca supimos por qué.

El destino: Viena

Una grata sorpresa. No podría describirlo de otra manera. Esperaba frío y acabé comprándome los shorts más cortos de la historia y bañándome en el Danubio. Esperaba gente cerrada y acabé hasta haciendo un buen amigo que acabó en el País Vasco de visita tomando unos txakolis de más y corriendo el maratón de Bilbao de resaca. Esperaba una ciudad grandiosa, cara y seria y acabé yendo al ballet y a la opera por 3€ y encontrándome con festivales callejeros, conciertos en cada esquina y bares hipsters a tutiplen. No había playa, ¡vaya, vaya!, pero había piscinas, había hasta discotecas con piscinas y lo mejor, el ‘Donau’, tomar el sol y bañarte en el río simplemente no tiene comparación.

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Un día en Bratislava.

Además, Viena era un lugar estratégico para viajar. Bratislava estaba a tiro de piedra. Couchsurfing en Budapest para vivir un fin de semana diferente. Intercambio con otros ‘leonardos’ en Praga para un fin de semana low cost de fiesta y turisteo. Road trip por Austria, con lagos y pueblos de cuento. ¿Alguien da más?

Un idioma nuevo: el alemán

Era obligatorio, parte de la experiencia y muy útil para los que no sabíamos decir ni una palabra en alemán. No saber el idioma te limita mucho, no te dejar ser uno más; sólo puedes ser un turista de larga estancia.

La profesora era una adorable austriaca jubilada que sabía cuatro palabras en inglés, así que la comunicación no siempre era sencilla, sobre todo, con los cuatro atrevidos que nos fuimos a Viena sin decir ni ‘hallo’. Estoy segura de que nuestras caras de poker cuando se puso a hablarnos el primer día en alemán le causaron un trauma y es que…¡no entendíamos nada!¡NADA!

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Las prácticas

Durante la primea semana de curso de alemán, todos fuimos haciendo entrevistas con distintas empresas y descubriendo dónde, cómo y por qué acabaríamos trabajando. Yo terminé en una agencia de publicidad, como diseñadora gráfica. Un mundo de hombres, sólo éramos dos chicas y todos eran austriacos. Los programas de diseño estaban en alemán, la documentación, el ordenador… Todo un reto, pero nada que el Google Traductor no pueda solucionar, con un poco de paciencia y muchas ganas acabé participando en los proyectos de distintos clientes y hasta haciendo un estudio de mercado para la oficina de Berlín, ¡eso sí, en inglés! El ambiente era muy relajado, todo lo que te puedes esperar del mundo de la creatividad: futbolines, sofás y balones de futbol; siempre listos para un brainstorming activo.

La comida: wurst, schnitzel y sachertorte

Y claro, de beber, cerveza. No hay mucho más. El pescado casi ni lo catamos y la fruta dejaba bastante que desear. Las peores naranjas del mundo, ¿cómo pueden están tan secas y tener tantas pepitas? ¡Agg! A lo mejor fue mala suerte, pero nuestra (de mis compañeras de piso y mía) ingesta de pescado se resumía a barritas Pescanova y ni eso, marca ‘nisu’ más bien (ni su madre la conoce).

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Sachertorte.

En una moneda siempre hay dos caras. Algo bueno, algo malo. El ying y el yang. Y no he comido salchichas tan buenas como las que comí en Viena y nunca he comido tantas como en esos cuatros meses. Las mejores, las de los puestitos callejeros, sin duda. El plato estrella es el ‘Schnitzel’, no está mal, pero no deja de ser un simple filete empanado. Y ahora llega mi parte favorita: ¡el postre! Para una golosa como yo no podía ser de otra manera: mi #mayordescubrimiento fue la ‘Sachertorte’, una tarta de chocolate que está ¡deliciosa! Es indescriptible, ¡hay que probarla!

CONCLUSIÓN: El Leonardo ya no es un Erasmus. Es algo más serio, se vive diferente. Es difícil de explicar, pero estás como más calmado, vives la experiencia intensamente, pero de una manera más apaciguada. Probablemente si volviera atrás en el tiempo, viviría las cosas de manera diferente, tomaría otras decisiones, sería más valiente y viviría la experiencia más alocadamente, pero como no puedo perfeccionar mi experiencia y como de ella he aprendido mucho diré que tal y como sucedió todo fue PERFECTO.

A ti, el que tienes dudas, miedo…¡Todo saldrá bien! ¡Lánzate!De todas las experiencias se aprenden y unas prácticas en el extranjero siempre aportarán un plus a tu CV y muchos conocimientos a tu bagage personal, ¿te lo quieres perder?

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5 comentarios en “Viena, primavera y prácticas Leonardo DaVinci

  1. Ici Mouse dijo:

    He saboreado cada palabra del post con una placentera sensación nostálgica. Gracias por los detalles recordados. El olor a curry, del que ya casi me había olvidado y los wurst de los puestos callejeros… Sin duda, toda una experiencia. Una ciudad, como muy bien dices, con mucho que ofrecer más allá del estereotipo de ciudad cara y señorial.

    En conclusión, con sus penas y alegrías (como todo), una etapa para recordar con una gran sonrisa :). Siempre.

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