No filters

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Horns (2013)

Por Ici Mouse

La película Horns, que ví hace no mucho, me dejó un sabor de boca realmente extraño pero a la vez muy interesante. Para no hacer demasiado spoiler, solo diré que el filme muestra en ciertas escenas a personas que hacen y dicen lo que piensan de verdad, sin el filtro social establecido.

En muchos otros filmes (y hasta series) se ha tratado este tema, muchas veces representado con el famoso “suero de la verdad”, que te obliga a decir verdades continuamente. No es casualidad que el tema se aborde desde la industria del entretenimiento, al igual que muchas otras inquietudes humanas. Porque quién no ha reflexionado alguna vez sobre qué pasaría si todos fuéramos más sinceros. ¿Hasta dónde llega nuestro disfraz y cuántas horas pasamos con él puesto? ¿llegará un día en el que no reconozcamos a esa persona que hemos sido a lo largo del día? ¿hasta qué punto nos distorsionamos para adaptarnos al entorno?

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos “con el filtro activado”. Con los jefes, con los compañeros, con los amigos… hasta puede que con tu pareja si la tienes (dependiendo la relación que se tenga). Digamos que un gran porcentaje de los mensajes que emitimos están sutilmente adornados y otro porcentaje son directamente mentiras o falsedades. Esto es una realidad conocida por todos, pero aún así, aceptada por todos. Aceptamos que nos mientan y, en contraprestación, mentimos por igual. Culturalmente, mentir/disimular está normalizado y te enseñan a hacerlo desde bien pequeñito.

Como en todo tema surgen contraculturas, también nos encontramos con la tendencia que elogia la sinceridad por encima de todas las cosas. Estas personas presumen de poseerla siempre, la veneran como valor supremo que debería regir todas las relaciones. Ya empieza a aparecer en ciertos artículos la palabra “sincericidio”, que define el acto de decir verdades descontroladamente sin pararse a pensar si se va a herir a alguien o si esa verdad va a ser reprobada.

Pero como todos los extremos desequilibran la balanza, esto no es excepción.

Ni tanto…

Un filtro excesivo que busque el continuo contento de los demás agota mentalmente. Es muy poco agradecido y la línea con la mentira se hace muy fina. La gente puede llegar a detectar que un individuo siempre habla según lo que el resto espera y sus palabras pueden dejar de ser tomadas en serio (típico ejemplo: “te queda muy bien ese vestido”).

Ni tan calvo.

La carencia de filtro absoluta… directamente es inconcebible hoy en día. En primer lugar, tengo serias dudas de que las personas que presumen de ser sinceras lo sean en todos los ámbitos de la vida. Imaginaos a alguien encontrarse con otro alguien y que le diga “mira, es que no me apetece nada hablar contigo ahora, entonces me voy solo ¿vale?” (¿quién no ha pensado esto alguna vez?). De momento no vivimos en una sociedad preparada para recibir ese tipo de mensajes.

Supongo que, como todo en la vida, buscar el punto gris entre el blanco y el negro, la letra ausente entre el Ying y el Yang es complicado y cada uno optamos por adentramos más en un camino que en otro. En mi opinión (y esto es personal) creo que como sociedad deberíamos dirigirnos más hacia la naturalidad. Por beneficio para todos. Ganaríamos en descanso mental, reduciríamos estrés (el “tragarte” cosas puede llegar a ser de los aspectos que más estresan) y ahorraríamos malentendidos. En alguna ocasión he tenido la sensación de sentirme una extraña en mi propia piel y creo que no soy la única. Veo necesario reencontrarnos con nosotros mismos para no perder el sentido de quienes somos en realidad.

Esto no es fácil. En primer lugar, tendríamos que superar la barrera de la ofensa fácil. Que no nos afecte tanto lo que puedan decir o no decir, opinar o no opinar. ¡He conocido personas que se ofenden en un trís! Una vez el discurso ajeno pierda importancia, el emisor a su vez perderá el miedo a dañar. O dicho de otra forma, “si veo que la gente no se toma tan a pecho lo que digo, ya no tengo miedo a decir, porque en sí no tiene tanta relevancia”. Pero esto, como todo, es complejo en un sistema tan artificial como el que el ser humano ha creado. Un sistema en el que nuestra existencia se aleja cada vez más de nosotros mismos para centrarse en los demás y en lo que estos opinan.

Como comodín, si queremos evitar líos, siempre nos quedará callar. Ese gran verbo olvidado. Como dice el proverbio hindú… Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.

Ici MouseAutor: Ici Mouse
Adoro los roedores, y el mundo Disney. Considero que todos los problemas del mundo tienen su origen en la superpoblación y la incapacidad humana para ver lo auténtico. Para ser auténticos.
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2 comentarios en “No filters

  1. Una nómada de mudanza dijo:

    ¡Me encanta!!Qué gran reflexión y cuántas verdades.

    Supongo que, en cierta manera, los seres humanos tendemos a los extremos y nos cuesta mucho encontrar esa ‘balanza ideal’. En mi opinión, mentir no es aceptable en una relación sincera, pero tampoco decir verdades que hieren. Hay que buscar la manera de decir lo que se opina sin ofender o herir. ¡Difícil!, por eso optamos por mentir o incluso por callar, lo que a la larga produce, en muchos casos, frustración o hartazgo y puede dar lugar a una ¡explosión! (discusión, enfado, pelea…) por algo que en un principio no era más que un simple grano de arena.

    Hasta aquí mi pequeña cavilación.

    ¡Gracias por el post!

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    • Ici Mouse dijo:

      ¡Qué verdad amiga nómada! ¡Qué difícil encontrar la forma y la medida justa de las palabras! Muy interesante lo que comentas de la explosión final… y es que verdaderamente quema el no expresarnos libremente y el no compartir. Ya solo siendo conscientes de ello ganamos mucho 😉 El resto, como todo, entrenamiento y aprendizaje. Gracias por tu comentario! 🙂

      Le gusta a 1 persona

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